Entrevista a Laura Barriga, actriz de doblaje

"Este trabajo es una carrera de fondo, pero que aparte hay que pelearla día a día"

Siempre he pensado que el doblaje, pese a la relevancia que protagoniza en todas las series, películas y videojuegos que consumimos, no recibe el reconocimiento necesario y permanece en un segundo plano. Escuchamos las voces de las actrices y actores de doblaje como si se diera por sentado que desde siempre han estado ahí, y solo salen a relucir cuando el resultado chirría o no es de nuestro agrado. Tendemos a olvidar la cantidad de trabajo que existe detrás de cada voz y de cada interpretación. De las personas que no solo traen a la vida el carisma y la emoción de nuestros personajes favoritos, sino que también permiten que la cultura sea más accesible y se adapte a las posibilidades y preferencias de cada uno. Laura Barriga es un claro ejemplo de este tipo de voz.

He tenido el inmenso placer de conversar, en esta entrevista, con una de las muchas personas que usan su voz para inyectar un carácter único y adecuado a cada uno de sus personajes, y que juega con el habla para ofrecer esa imprescindible calidad sonora. Laura Barriga es actriz de doblaje, aunque puede que os suene más si hablo de Mei-Ling Zhou en Overwatch o de Vivian Harris en Call of Duty WWII. También ha prestado su voz a Nonny, personaje de la serie de Netflix Insatiable, y a Ingrid Thorburn en la película Ingrid Goes West, entre muchas otras. El trabajo de Laura Barriga subyace detrás de las personalidades de todas ellas, donde su voz y su técnica interpretativa encuentran un punto en común para captar la esencia de cada personaje y darle su indistinguible toque personal.

Ya de pequeña con tu radio de juguete y tus obras de teatro caseras apuntabas maneras. ¿Cuándo hizo «click» el doblaje en tu cabeza?

Al final lo vas mezclando todo y te das cuenta de que aunque no hubieras sabido de una manera consciente qué era lo que querías hacer, verdaderamente es lo que querías. Yo estudié Periodismo y en mi última beca estaba en la Cadena SER. No me iban a renovar y ya sabes cómo es esto: una vez te licencias, ya no puedes ser becaria. Tenía que buscar opciones, y lógicamente la opción de no licenciarme  para obtener una beca indefinida no era una de ellas. Como siempre me decían «ay qué voz tan bonita tienes, qué bien locutas», recordé las obras de teatro en mi casa del pueblo, con mis primos y mi hermana, los cuentacuentos en el colegio… Tiré por ahí, por el doblaje, y no me equivoqué.

Y dentro del periodismo, ¿por qué esa dedicación a la voz?

Fue de manera fortuita, porque yo quería hacer Periodismo para escribir, que era lo que me gustaba hacer. Cuando busqué prácticas mi primera beca fue en la Cadena COPE y le cogí mucho gusto a eso de estar en antena. Empecé por escribir y me di cuenta de que verdaderamente encajaba mejor en la asignatura de radio, en televisión, y fui decantándome por la rama audiovisual. De hecho estuve a punto de hacer Audiovisuales después de Periodismo.

Publicabas un 12 de junio una frase que me parece muy representativa de lo que muchas actrices y actores de doblaje padecen a diario: «Que el Día Mundial del Doblaje nos pille trabajando». Siguiendo esta línea, ¿qué obstáculos o qué desafíos te han supuesto un gran bache al iniciarte en el mundo del doblaje?

Los baches los sigo teniendo y vamos a seguir teniéndolos. Siempre decimos que este trabajo es una carrera de fondo, pero que aparte hay que pelearla día. Tú no sabes qué mes vas a llegar con la cuenta a cero, o qué mes no vas a tener tiempo ni de respirar. El otro bache es que es muy difícil hacerse un hueco, meter la cabeza y quedarse. Sé que en todos sitios cuecen habas, pero hablando concretamente del doblaje es muy difícil acceder, y una vez que has accedido, es muy difícil mantenerse, prolongarlo y vivir de ello.

En una ocasión comparaste el terminar de doblar una serie con despedir a un amigo al que no verás en una buena temporada. ¿Qué hace que te encariñes con un proyecto de esa manera?

Que seas capaz de implicarte tanto en la trama que la hagas tuya, aunque el personaje no se parezca en nada a ti. Creo que lo dije cuando terminé de doblar Insatiable, porque el personaje de esa serie, Nonny, no tiene nada que ver conmigo y sin embargo me llegó. Tuve una secuencia y unos takes muy intensos en los que Nonny le cuenta a su amiga que está enamorada de ella, que no sabe cuál es su condición sexual y que está enamorada, pero ella solo la ve como una amiga. Esos takes me dejaron destrozada, y por suerte fueron los últimos de la jornada porque salí del estudio cansadísima y deshecha. Parecía que era yo la que estaba confesándome. Si consigues eso es como despedirse de un amigo.

Supongo que con esto se consigue la mayor calidad posible, meterse en el personaje es lo deseado.

¡Es lo deseado y es lo más difícil! El trabajo en sala es muy rápido y no siempre puedes mantener ese nivel de implicación porque a nivel organizativo la sala no avanzaría. Si yo me deshago en cada take y no puedo afrontar el siguiente, no avanzaríamos. Lo deseable sería que tuviésemos el tiempo suficiente como para implicarnos a este nivel.

Una vez comentaste que en doblaje cuesta sudor y lágrimas romper la barrera de compartir vuestras apariciones, sean o no minúsculas.  ¿Por qué supone ese esfuerzo?

Porque hay gente que pensará que una jornada de ambiente… bueno, los ambientes en doblaje es cuando tú ves una película y hay gente hablando alrededor de los protagonistas, o por ejemplo en la película Buscando a Dory cuando aparecen los pececitos hablando en la escuela. Ese tipo de cosas que no tienen mucha visibilidad o repercusión, muchas veces por vanidad o porque a nosotros mismos nos parece poco, no se comparten. Desde mi humilde opinión creo que hay que hacerlo, hay que reivindicar que este trabajo de fondo es fundamental para que luego una película o una serie sea creíble. Hay que enseñarlo y compartirlo como si fuese el mayor protagonista de tu vida.

En tú página te describes como una persona «enfermizamente tímida». ¿Cómo se compagina esto con la interpretación inherente al doblaje?

Yo quisiera saberlo [ríe]. Aquí muchos somos tímidos, y muchos se creen que por ser actor se es la persona más extrovertida del mundo, y al contrario. Yo me escondo detrás de la persona a la que estoy interpretando, no estoy siendo yo misma. Cuando entro en un estudio o una sala muchos de mis compañeros ni me conocen porque yo me limito a saludar y a sentarme, y generalmente si no me hablan yo no hablo. Una cosa soy yo, Laura, y otra cosa soy yo como personaje, como puede ser Mei o Nonny. Se lleva complicado, porque muchas veces requiere un extra de extroversión que yo no tengo, pero no supone un problema de cara al trabajo, solamente de cara a la relación previa para tener ese trabajo.

¿Has llegado a arrepentirte en algún momento de elegir el doblaje como profesión?

No, eso nunca. Sí que es verdad que hay épocas que estoy tan baja de curro que sí que te planteas: «¿por qué hago esto?» ¿No estaría mejor siendo lo que nuestros padres, bueno… siempre quieren para nosotros? Un trabajo estable que te permita irte de vacaciones una vez al año, pagarte una hipoteca, un coche y tener familia. Pero me lo planteo en un espacio de tiempo minúsculo porque eso no está hecho para mí.

Entrando en doblaje de videojuegos, especificas en tu página que te especializaste en documentales y videojuegos. ¿Por qué seguiste esa rama?

No es que eligiera esa rama en concreto, he ido tocando varios palos. Yo hice mi primer curso de doblaje, que fueron nueve meses bastante intensos, pero nos dieron doblaje puro y duro. Y una vez que sales dices: «Vale, ¿dónde está el nicho de mercado? Falta formarme en videojuegos, en docurealities, en interpretación…» Digamos que he ido ampliando el abanico de lo que no me enseñó esa primera escuela.

Tu primer trabajo en doblaje de videojuegos empezó en 2014 con  Diablo III: Reaper of Souls. ¿Cómo fue ese primer encontronazo de ponerle voz a un personaje de videojuego?

A mí me hace mucha gracia este personaje. Se llamaba Delilah, era vendedora y eran cinco frases literalmente. Diablo es el videojuego favorito de mi novio, y no sabes la ilusión que me hizo. Al principio no puedes decir nada, pero cuando salió el juego me dijo: «Son cinco frases pero todo el mundo te va a escuchar porque pase quien pase por la tienda tiene que hablar contigo». Y pasar por la tienda es obligatorio. Así que nada, fueron cinco frases. Yo todavía estaba verde porque la timidez te coarta. Tuve que repetirlas varias veces, pero lo disfruté igual que si hubiera sido el protagonista de mi vida.

El doblaje de videojuegos funciona un poco a ciegas, ¿no?

Un poco no, funciona totalmente a ciegas. Los videojuegos están tan protegidos para el usuario como para los actores de doblaje. Salvo alguna excepción en la que te enseñan una cinemática a medio terminar o que está empezando a formarse, o que tengas la suerte de que el cliente haya decidido que se puede enseñar la imagen de tu personaje, nosotros lo único que tenemos para trabajar es la onda de sonido del actor original que ya está grabada. A eso te tienes que ceñir. Lo escuchas, ves la intención… generalmente te piden que la duración de tu archivo de voz sea el mismo que el original, y eso es lo que tenemos. Está muy protegido.

¿Usas algún truco o técnica para solventar esa falta de contexto?

Truquitos no hay. Aquí hay un director que se ha machacado toda la información que le han dado de arriba a abajo y que te hace la vida fácil. Un buen director es fundamental, es como si nos crecieran cuatro ojos. Luego te queda la intuición que te da la experiencia. No hay más.

¿Y cómo se lleva el depender tanto de la labor de otra persona?

Yo me lo llevo todo al terreno interno, a la relación de afinidad que puedas tener con él. Como tengas un director con el que te sientes cómodo, con el que eres afín, va a funcionar todo y va a ir de corrido. Vas a entender las instrucciones a la primera, va a sacar lo mejor de ti… se funciona bien. El director es fundamental, al menos en videojuegos donde no vemos nada. El director siempre es importante pero en videojuegos lo es el doble.

En doblaje de videojuegos tienes un registro muy variopinto. Vas de una persona dulce y tierna como Mei de Overwatch, a una más firme y seria como puede ser Vivian en Call of Duty. ¿Cómo consigues esa versatilidad en tu voz?

Haciendo interpretación. Me recomendaron una vez cuando empecé a hacer doblaje de videojuegos hacer interpretación y fue el mejor consejo que me han dado en la vida. Llevo dos años y eso ha hecho que yo sea capaz de hacer una tipa dura. Si me hubieran pillado hace tres años, hacer una tipa dura no hubiera podido. Soy totalmente franca, y ese registro es uno que me cuesta. Mi cuerda es muy dulce y tengo una voz muy finita, con lo cual ponerse dura desde aquí es muy complicado.

«¡Os vais a quedar helados!» Fuente de la imagen: Captura de pantalla

También participaste en doblaje de distintos géneros de juego. Por ejemplo, Overwatch es un shooter y Hearthstone es un juego de cartas. A nivel de doblaje, ¿qué cambios notas de un género a otro?

Hearthstone es un juego muy rápido. En realidad son cartas que salen, me parece que tienen una presentación, una frase intermedia y ya luego se mueren, es algo muy rápido. Mei es el hito de mi carrera y la adoro por encima de todo, pero Hearthstone ha hecho que me lo pase muy bien. Tú llegas al estudio y te dicen que vas a hacer desde un troll hasta una medusa. Y es estupendo, porque es un trabajo muy rápido y en media hora has hecho seis bichitos totalmente diferentes. Como no tienen medida ni tienen contención y puedes jugar lo que quieras con la voz, te lo pasas en grande.

Durante el doblaje de Mei tuviste que grabar frases en chino sin saber nada del idioma, aunque al final no se incluyeron. En este sentido, ¿qué personaje de videojuegos te ha supuesto el mayor reto?

Más complicado… No en ese sentido de complicación, pero por ejemplo cuando hice Rainbow Siege tenía que grabar cada frase con distintos tipos de intensidad en la voz. Salía agotada porque tenías que decir, por ejemplo:

«Granada…»

y luego:

«¡Granada!»

y luego ya gritar:

«¡GRANADA!»

Claro, tú imagínate ese nivel de energía, partir de muy bajito a energía media y luego tope de energía, así durante toda una tarde. Salí hecha polvo. Ese es el doblaje de videojuegos más complejo que he tenido hasta ahora.

Los videojuegos están mejorando poco a poco en términos de representación femenina. ¿Esto influye de alguna manera en el trabajo de las actrices de doblaje que dedican sus esfuerzos al mundo de los videojuegos?

Supone que tengamos más trabajo. Si antes casi todos los protagonistas eran masculinos, ahora estamos más equiparados.

Y ya para acabar, a modo de curiosidad: ¿Qué personaje, de videojuegos o no, te hubiera gustado doblar?

Pues muchísimos. Yo soy muy friki y llevo toda la vida ensayando para cuando llegase el reboot de doblaje de La Bella y la Bestia. Me hubiera encantado doblar a Bella porque es así como muy mona. Pero yo lo que quiero hacer es doblar un personaje de Disney. Es el sueño de mi vida. Personajes concretos que me hubiera gustado hacer… me quedaría con Bella y con Miércoles de la Familia Adams.

¿Y persona que te gustaría que te doblase a ti?

Es que tengo unas compañeras con unas voces tan guays…

¡Puedes escoger varias si quieres!

Pues me quedaría con gente a la que admiro. Michelle Jenner, por ejemplo… [ríe]. ¡Por pedir que no quede! Nuria Trifol, y así más de mi ámbito me encanta muchísimo Ana de Castro.

Álex López
Periodista y seguidor de la industria del videojuego. Pulsador de botones y teclas a tiempo parcial.

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