Entrevista a María Fornieles, experta en marketing de videojuegos

"Concibo el marketing como una herramienta para ayudar socialmente"

Pocas personas están al alcance de ser un ornitorrinco: pico de pato, cola de castor y patas de nutria, parece que a este curioso animal lo de ser multidisciplinar le viene de serie. No es de extrañar que María Fornieles vea en él un fiel reflejo de todo su recorrido, un híbrido de trabajos y conocimientos que poco o nada tienen que envidiar al polifacético animal.

Y es que, para María Fornieles, cualquier titular se queda corto. El marketing de videojuegos se ha convertido en un escalón más de su larga trayectoria profesional, que baila de la Filología Inglesa al Diseño Gráfico, pasando por un máster en Enseñanza Secundaria Obligatoria y por especializarse en señalética, señalización y wayfinding. También es autora del libro Marketing para imbéciles, por si fuera poco.

En su web lista varios de los oficios que la han llevado a convertirse en un ornitorrinco de persona: productora, profesora, diseñadora gráfica, ilustradora o consultora de marketing, más la infinidad de charlas y ponencias que ha dado en multitud de eventos, como Women Make Games. María Fornieles es todo un torbellino de experiencias, y en ella encuentran la cercanía y el humor que ha mostrado a lo largo de esta entrevista.

Te defines como un ornitorrinco de persona. ¿Preferirías haber sido un animal menos polifacético y más centrado en una única disciplina?

Si me preguntas hace quince años te digo que sí, pero ahora mismo no. Me ha costado cogerle el gusto, hace un año me suponía mucho estrés que todo el mundo lo tuviese claro y yo siempre… divagando. Esto se llevaba mucho con los humanistas en el Renacimiento, sin ánimo de estar aquí en plan ‘soy maravillosa y estupenda’. Pero antes se apreciaba mucho, y de hecho en otros países se sigue apreciando una persona que sea multidisciplinar. Aquí en España es la excusa perfecta para sablarte. Ahora mismo me gusta ser un ornitorrinco con mi pico de pato y mi cola de castor.

Dices que perder el norte te ha ayudado a acumular muchas herramientas. ¿Cómo sacaste provecho de estar perdida y no saber exactamente qué hacer?

Esto te lo va a decir mucha gente que es coach motivacional, mentoring y mierdas de estas que se llevan ahora mucho, pero sí que hay un puntito de verdad. Cuando estás muy perdido, y yo suelo estarlo cada dos o tres años, hay una ventaja que es no tener la presión que tiene el resto del mundo de hacer ciertas cosas, y también te abstrae de hacer otras. A lo mejor gente de mi edad se ha metido en una hipoteca hace diez años porque lo tiene todo muy claro, y yo sin embargo no lo hago porque como no tengo claro dentro de unos años dónde voy a estar… Lo más sano es hacer de eso una ventaja. Lo que dicen muchos coach es que hagas de esto una oportunidad, y yo lo que digo es que hay que hacerlo pero con cabeza, tampoco me quiero ver con 50 años sin haber cotizado o sin tener una opción para mi jubilación. Me gusta sacarle partido pero tener los pies en la tierra sobre cómo está la situación. Quizá la ventaja más grande es que te permite viajar, ir a eventos, charlas, cursos gratuitos, cuando el resto del mundo está teniendo un trabajo medianamente ordinario.

Ayudar a la gente que está perdida fue uno de los grandes motivos por los que te decantaste por el marketing. ¿Cómo lo consigue?

Una de las cosas que me gusta del marketing, y de la comunicación o del lenguaje, es que te permite estar a muchas cosas. Son conocimientos globales que te obligan a saber de muchos ámbitos. Si yo hago marketing digital lo puedo hacer para un periódico, una empresa de videojuegos o una empresa de zapatos. Me obliga a estar informada de mil cosas, y eso no te lo dan otras disciplinas.

También concibo el marketing como una herramienta para ayudar socialmente. Hay una cosa que no me gusta nada, y es el tema de que se use el marketing como metamarketing para vender marketing. Todo el mundo empieza igual: haciendo cursos de cómo vender tus cursos online, que esto es el futuro porque todos van a hacer cursos online, todo el mundo los va a vender y eso es a lo que nos vamos a dedicar. Pero a mí no me gusta que la gente haga cursos de cómo vender sus cosas porque no todo el mundo tiene esa capacidad. Lo que no te cuentan es que hay que echarle muchas horas detrás, que mientras tanto generas facturas y necesitas ingresos… A mí lo que me gusta del marketing es ponerlo a disposición del resto del mundo, no solo de su propia felicidad, sino hacerlo un bien social y dar una oportunidad, a través de eso, para desarrollar otras actividades. No me gusta el concepto de marketing capitalista.


Fuente de la imagen: Pixabay.

El marketing sigue siendo un campo cuya importancia pasa inadvertida en multitud de ocasiones. ¿Por qué ocurre esto?

Esto da mucho de sí, puedo ser muy diplomática o puedo sacar la espada de Damocles (risas). Hay varios factores. Uno es educacional, sin duda, en el que no se nos inculca a valorar el trabajo de los demás. El sistema educativo español no es malo pero es muy mejorable, y la tendencia mundial es que muchas de las cosas que se hacían hasta ahora están obsoletas. Hay paradigmas educativos que están cambiando pero no a la velocidad que se debe, y esto hace que todo se vaya anquilosando y que, por una parte, no haya un trabajo de valoración de las disciplinas en general. Esto también pasa en medicina o en arquitectura, quizás a otra escala. ‘Yo es que habría puesto una tubería aquí…’, y en fútbol ni te cuento.

Pero también hay un componente multidisciplinar en la educación en el que tú tienes que saber de todo. Esto hace que por un lado tengas la autoestima por el inframundo, donde predomina esa sensación de no saber nada o lo suficiente. Y esa autoestima se palia echándote encima un caparazón de ‘yo puedo con todo, yo sé de todo’. Esto hace que menospreciemos labores como el marketing. España está muy atrás en ese sentido, aquí se discuten muchas decisiones de marketing y la labor de la persona encargada, mientras que en otros países son decisiones que no es que no se rebatan, pero no se ponen en tela de juicio. España ha sufrido mucho en ese sentido, tener gente incompetente haciendo profesiones que le vienen grande es una constante, y no se aprecian ciertas disciplinas porque no tenemos esa cultura de apoyo, sino la de tirarnos piedras, de que todo está mal y de que ‘esto yo lo puedo hacer’.

Dentro del marketing, ¿por qué especializarte en videojuegos?

Me he criado entre videojuegos y entre informáticos y me parece un tema muy natural. Estoy rodeada de videojuegos, vivo con mi novio, tenemos cuatro consolas y las cuatro son mías. Una paradoja porque cuando la gente viene a casa y no nos conocen mucho, le empiezan a preguntar a él sobre las consolas, y tiene que decir que en realidad son mías.

También me parece una disciplina muy rica. Tiene un componente de acción que no tiene el cine, que es más pasivo. El videojuego requiere de tu acción, y a mí eso ya me parece la leche: una disciplina en la que, según lo que yo hago, pasan ciertas cosas, es impresionante.

Cuando yo empecé con esto del marketing, una de las primeras oportunidades que tuve fue en el estudio Illusion Shard, donde tenía a uno de mis mejores amigos. Yo fui a un evento de Estados Unidos sobre marketing donde, spoiler, no tenía ni idea de marketing pero sí dinero. Para que veáis, niños, mirad lo peligroso que es esto que tenía dinero y me fui a un evento de marketing en Estados Unidos sin tener ni idea de marketing (risas). Me gustó mucho y le vi esa opción social. Me puse en contacto con mi amigo, que me habló del tema de los videojuegos, y le propuse poner en práctica todo lo que había aprendido mientras él me daba algo de manga ancha para hacer lo que se me ocurriese, sin que le costase nada. Invertí poco dinero pero conseguimos muy buenos resultados y fue la primera empresa que me dejó probar lo que estaba aprendiendo. Luego vinieron otros tipos de negocios, modelos, otros amigos y gente desconocida, asesoramiento y charlas… pero yo metí la cabeza en el marketing con los videojuegos.

Se habla mucho, en especial dentro del panorama indie, de una burbuja de videojuegos o de un exceso de oferta. El marketing aquí puede ser un punto clave en el éxito del producto.

El marketing es clave siempre. Yo me muevo en disciplinas en las que hay un ingrediente que es constante, en literatura, cine o videojuegos, y es el ego. El marketing tiene que suplir el ego del estudio desarrollador, y el truco es adaptar el marketing a lo que tú quieres, a tu objetivo. Esto lo repito constantemente en las charlas, pero el ego genera tapones muy grandes y la gente piensa que no hace falta o que es suficiente pagar un anuncio. Y es mentira porque yo llevo viendo cuatro o cinco años que la gente vuelve a hacer lo mismo y a caer en la falacia del crowdfunding. ‘Yo saco un crowdfunding la semana que viene y lo tengo financiado’, y no es así, sino todos tendríamos nuestro videojuego.

El marketing tiene que estar ahí para marcar una diferencia. También el videojuego que desarrollas debe tener un componente extra. Esto es algo que aprendí a las duras en la industria del cine, y es que al mundo le importa una mierda lo que creas. Le da igual que tengas una historia que contar con sus personajes, le da lo mismo. O le das un componente extra, un valor social, divulgativo o artístico, o a la gente le da igual porque es lo que tú has dicho, está masificado. No voy a decir que todo el mundo puede hacer un videojuego, y ya hacer uno decente ni te cuento. No hablo de triple AAA, que es otra liga.

Ese pequeño estudio sin apenas recursos económicos, ¿es capaz de llevar a cabo una buena campaña de marketing sin arruinarse en el proceso?

Sí que puede, lo que pasa es que menospreciar el ámbito económico es como quitar una parte de alguien para poder valorarlo. ‘A mí me gustaría esa persona si no hablase’, entonces no te gusta, tú tienes que valorar todo. Es como los fans de Star Wars que de nueve películas solo les gusta una, pero se consideran fans. Pues es lo mismo, tú no puedes valorar cómo va la empresa quitando el marketing, y si además tienes una buena estrategia, a coste cero se puede hacer. Hay muchas pequeñas acciones que se pueden hacer para que el marketing vaya siendo efectivo, y de hecho una de las estrategias es monetizar el contenido o conseguir financiación.

El componente económico tiene que estar ahí, tanto porque haya como porque no haya. Si no hay existen muchas pequeñas acciones que haciéndolas bien, se puede. Doy fe de que se puede.

¿Algún ejemplo de videojuego que haya aplicado una campaña de marketing ejemplar?

Uno de los que más me impactó fue una promo que hizo Watchdogs en la que cerraban un espacio, le daban un mando a una persona y desconectaban farolas o saltaban cables cuando le daba al botón. Para esto parece que hay que tener mucho presupuesto, pero hay muchas pequeñas acciones que se pueden hacer con papelería, con email marketing, con interacción… Ahí tenemos a GRIS, que lo ha reventado en los premios, y le quedan muchos por ganar; a los amigos de Blasphemous, que son unos cansinos (risas). Los quiero mucho y tienen un marketing excelente, generaron esa expectativa de crowdfunding, que por cierto, el 16 de marzo estaré en Bormujos hablando de crowdfunding y este será uno de los casos que trataré. Ellos son cansinos porque tienen que serlo, y en esto consiste el marketing: si no llego a ti hoy, llegaré mañana. Tienes el caso de Carlos Coronado y de Infernium, que parece que ha ido aplicando las estrategias una por una: creo un videojuego, funciona, lo meto en Switch – chupito por cada indie que entre en Switch – y luego se hace sus cursos online, como el de ‘Marketing para lanzar juegos en Steam.’

Tengo que decir que en esto del marketing hay una serie de hojas de ruta solapables que todo el mundo puede hacer, no hay ningún misterio. Yo hice un libro de marketing pensando en esto, y la hoja de ruta es muy similar siempre. A la gente que tiene éxito le puedes sacar un patrón, y no hay ningún tipo de magia o rezo. También tengo que decir que estos ejemplos parten de una base que no hay que menospreciar y es que presentan un contenido excepcional. No son juegos al uso ni mediocres, no inventan nada pero tienen un acabado que los pone en la órbita y que el simple boca a boca, que es una especie de marketing analógico, ya los pone en el punto de mira.

En el caso de los grandes estudios, se da otro tipo de problemas. Anuncian auténticas barbaridades que a la hora de la verdad se quedan a medio fuelle y no cumplen las expectativas.

Eso no deja de ser otra estrategia de marketing más. Yo siempre lo digo con la televisión: un minuto en televisión es demasiado caro como para que haya improvisación. Estas estrategias en las que al final todo es un bluf, prometían un juego y luego no ha sido así… esto se consigue haciendo muchísima estadística antes de sacar el juego, testeando al público, con encuestas o viendo por dónde van las expectativas. Pero ante todo hay una decisión detrás de toda esta parafernalia: Elegir si lo que quiero es cumplir con todas las expectativas que estoy creando, o no cumplirlas y crear una polémica que me lleve a que al sacar la segunda parte sí que haga lo que me están pidiendo. Cuidado con esto, porque un estudio grande se lo puede permitir, pero a un indie le puede llevar a la ruina, como quien incumple los plazos de un crowdfunding.

Lo ha hecho Kingdom Hearts III, ha retrasado la fecha de lanzamiento y yo aquí sufriendo… Ha ido posponiendo cosas y hay un hilo muy fino entre generar expectativas o que la gente se decepcione, pero siempre hay una decisión detrás.

¿Hay diferencias notables entre el marketing de videojuegos y el marketing de cualquier otro producto?

Claro, siempre está esa discusión de que el creador o el equipo de desarrollo quiere potenciar una serie de cosas, mientras que los de marketing tenemos una visión más externa y vemos lo que el público está esperando o con lo que le puedes entrar.

Hay varios factores, y entre ellos están las posibilidades que ofrece el videojuego y que para mi gusto no se explotan. Por ejemplo, el tema de que sea un entorno audiovisual para las estrategias de marketing digital, los estudios pequeños o indie se quedan siempre en lo mismo: una foto con comentario, el hashtag #screeshotsaturday… pero no hacen montajes de vídeo. Vas a tener un modelado, un rigging, unos escenarios, una ambientación o una atmosfera que no se aprovechan. Es una de las grandes lacras cuando se empieza en marketing de videojuegos para indies, que hay que aprovechar que es un entorno audiovisual y además interactivo. Que no parezca que están anunciando una peluquería y que no sea siempre lo mismo.

Has dado multitud de charlas sobre marketing de videojuegos en muchísimos eventos: JamToday Andalucía, Granada Game Jam, en el Máster de Creación de Videojuegos de la Universidad de Málaga, Women Make Games…¿Te ha llegado a imponer, o has llegado a sentirte superada, ante todas esas ponencias?

Me alegra que me hagas esa pregunta, sí que me he visto superada. En esa ponencia de Málaga yo estaba un poco saturada de trabajo, y hay un punto en el que me dio una crisis de ansiedad. La aguanté estoicamente y seguí con la charla. Si no te paras a observarlo es algo que no se ve, porque esas cosas no se notan a la vista.

Me he visto superada porque yo he tenido la suerte de nacer con algo entre las piernas que los tíos no tienen, y me he visto en situaciones bastante desagradables por el hecho de ser mujer. El miércoles pasado hicimos una charla gracias a Daniel Parente con los compañeros de Loot Marketing y Loles, una de las profesionales que trabaja ahí, y compartimos opiniones. A nosotras se nos piden muchas credenciales, que es algo que podría estar respondiendo pero que ya me he negado a responder. Se nos pregunta una serie de cosas y se nos pone en duda, y además en directo.

En Barcelona estuve haciendo una mesa redonda con Women in Games y con diferentes profesionales de la industria. Gente que se gana la vida con esto, que estudia esta industria, se adapta y asesora. La charla iba sobre el papel de la mujer y en la rueda de preguntas hubo un chico que cuestionaba que a las mujeres se nos menospreciase. Nos preguntó si creíamos que el problema tenía un componente educacional y nos dijo: ‘Vosotras decís que los personajes femeninos están sexualizados pero en Bioshock, que es un videojuego que trata sobre patatín patatán…» Dejé que terminase para ver si se cavaba la tumba él solo, y lo hizo. Todo esto para preguntar si se podía solucionar con educación, y al final nos acabó dando una masterclass de lo que era Bioshock. Cuando terminó le dije: ‘¿Te das cuenta de que están aquí cinco profesionales del mundo de los videojuegos y nos acabas de explicar qué es Bioshock?’

Esto pasa, y es una cosa que a mí me supera. Hay eventos muy cómodos pero hay otros en los que notas que más que cuestionarte abiertamente se empiezan a hacer los graciosillos. Me pasó en Málaga, mientras intentaba dar una charla en un evento bastante potente, que una panda de chavales en primera fila estaban haciéndose los graciosos hasta que solté un comentario y se fueron. No me tiembla ni la mano ni la voz, pero es algo que sufrimos nosotras y que en el caso de los chicos no lo veo, al menos no en esa vertiente.

El machismo lo impregna todo, y el videojuego no es una excepción. A raíz de lo que me has comentado, ¿está mejorando la situación de la mujer en la industria?

Está mejorando, pero no a la velocidad que debería. Uno de los consejos que doy siempre es que si no sabes cómo tratar a una mujer en la industria del videojuego, piensa que es un hombre, y evita comentarios que no tienes que hacer o aportaciones que quizás nadie te ha preguntado. Hay una parte del público, y yo lo que intento es llegar a esa parte, que automáticamente cierra las orejas cuando se habla del papel de la mujer en la industria. Porque cree que va a escuchar siempre el mismo discurso y que siempre vamos a estar con lo mismo. Es muy importante llegar a ese frente de personas que no son solo hombres, que en esto de la igualdad estamos todos, y la mejor manera de acercarse no debe ser impositiva. Tú lo verás cuando lo tengas que ver, y a mí me preocupa que intentemos imponer ciertas cosas.

También echo en falta que la gente no toque las pelotas. Que si tú crees que no hay machismo en los videojuegos, te callas la boca, te das la vuelta y te vas. No vengas a una charla a intentar reventarla porque quedas en evidencia demostrando lo que yo estoy diciendo. Además hay un animal mitológico que ha resultado ser real y que es el hombre feminista, que los hay a patadas, y que sería genial que en este avance dejaran de meterse con ellos, tanto hombres como mujeres. ‘Es que es un calzonazos, ¿y qué vas a poner, una protagonista femenina’? Pues sí, en Star Trek está Michael que corta el bacalao como nadie (risas). No pasa nada porque sea una mujer, y si fuese un hombre nadie se preguntaría nada.

Avanzamos despacio, pero avanzamos. El problema es llegar a esa gente que se empeña en boicotear y cerrar las orejas, y no son más que una demostración de que esto es real.

¿Por qué es importante, a través de asociaciones como Women in Games, dar visibilidad a las mujeres que trabajan en la industria del videojuego?

Porque están ahí, porque son profesionales y porque durante muchos años se las ha educado en la imposibilidad y la mediocridad de capacidades, en el estar a medio fuelle. Esto también se ha hecho en otras disciplinas. A mí me gusta en el tema de los videojuegos porque todavía está fresca, la industria tiene cuarenta años pero es relativamente nueva; y sobre todo por no repetir errores del pasado.

Quizás en las nuevas generaciones menos, pero la mía de treinta y pocos años, tú preguntas el nombre de una científica y te dicen Marie Curie. Se levanta una masa de gente aplaudiendo y ya está, ya no saben ni una científica más. No saben decir una escritora viva, joven y exitosa. Es la oportunidad de dar visibilidad no solo a Rhianna Pratchett, y también de dejar de decir que es la hija de Terry Pratchett. Tenemos guionistas, diseñadoras de personajes, desarrolladoras, programadoras… muchas disciplinas en las que estamos presentes y es fundamental no caer en lo que se ha estado cayendo durante siglos. Siglos de escritoras que no se han mencionado o que se han tenido que cambiar el nombre que, por cierto, esto sigue pasando. Editoriales que piden que pongan en vez de sus nombres las iniciales, hablo del año pasado y puedo dar ejemplos concretos. Al ver que son mujeres, mucha gente puede echarse para atrás.

Y muy importante esto también: las trans tienen un papel fundamental con nosotras, pero sobre todo nosotras con ellas. Esto es una lucha de todo el mundo y también hay que darle visibilidad. Hay personas trans que están peleando con sus propios monstruos y con los monstruos sociales, y esto utópicamente debería quedar aparte, pero está ahí. Dicen que ‘yo como profesional no me meto en esto’, pero quizás no favorecer que esta persona entre a trabajar en una empresa porque dices que un hombre te va a dar menos problemas… Está el colectivo trans sufriendo mucha mierda, y es el momento de decir que esa gente está aquí y las oportunidades que se les han negado o se les va a negar se las vamos a ir dando, porque esto tiene que ser colaborativo. A mí no me gusta discriminar ni en favor ni en contra, pero sí que es cierto que favorecer no implica apartar a un colectivo.


Fuente de la imagen: mariafornieles.com

 

Hablando ahora de tu libro, varias de las charlas que has dado han girado en torno Marketing para imbéciles. Un título que sirve un poco de filtro de cara al público, ¿no?

Sí, y además me alegro mucho de que la RAE haya utilizado el término imbécil en un tweet que se ha hecho viral (risas). Lo pongo de título y todo el mundo me viene con el cuñadismo: ‘¿No es un poco agresivo?’ Agresivo sería que abrieses el libro y te metiese un zarpazo en la cara. Juzgarlo por el título no es más que una demostración de que somos unos prejuiciosos, y es un filtro para compradores pero también en calidad de trabajo. Una persona que no es capaz de darle una oportunidad a otra por su apariencia dice mucho de esa persona.

El libro al principio te explica de lo que va para evitar problemas, y he intentado que sea lo máximo de sí mismo. Lo maqueté y lo ilustré e intenté que fuese coherente. Si yo tengo un libro que su contenido consiste en darle un poco de canelita a la gente, llamarlo marketing para novatos… Si el título es lo peor que se van a encontrar, está salvado. Igual eso me ha quitado que en vez de vender mil copias vendo quinientas o seiscientas, pues ya está. No me he hecho millonaria con el libro, pues qué pena, qué chorprecha (risas).

El libro surgió durante la experimentación con tu blog: un mes con un post diario sobre los diferentes aspectos del marketing. Durante ese mes, ¿viste posible en algún momento que el blog llegase a ser algo más, que fuese capaz de invadir el mundo editorial?

No, no lo veía en ese formato en concreto. Esto pasó porque el destino tiene cosas muy chulas, y ahora es cuando sale el castillo de Disney (risas). Yo conocí a una persona meses antes del blog que escribe ciencia ficción y que iba a publicar un libro en la editorial que terminó siendo la mía. Esa persona me pasó el borrador, me pareció que estaba muy bien y le pregunté sobre su marketing. Me dijo: ‘Pues ya se venderá el libro’.

¿Cuántas personas habrá en el mundo editorial o creando tiendas pensando ‘pues ya se venderá’? Le dije que eso no funcionaba así, que tenía que abrirse una página de Facebook si estaba ahí su público, o mirar dónde se encontraba. Yo me sentí un poco abrumada por la cantidad de información, seleccionarla y compartirla con él o planificársela. Se iba a ver en un follón… Le propuse montar un blog porque eso funcionaba, y él me preguntó por el mío. Decidí hacerme uno y escribir un post cada día durante un mes sobre qué factores había que tener en cuenta. Luego empecé a salir con esta persona, que es mi pareja, y cuando fue a firmar a la Feria del Libro los editores me propusieron publicar el contenido del blog.

Mi intención primaria era convertirlo en un libro de texto, por eso tiene ejercicios y consejos cero por ciento cuñados. Quería transformarlo en un ebook interactivo y que fuese algo ligero, que a mí no me supusiera una fuerte presión social. 

Una característica particular de Marketing para imbéciles es el tono, más distendido y cómico. Esto lo convierte en una obra muy accesible. ¿Los libros y la información actual sobre marketing pecan de lo contrario, de ser demasiado ‘pedantes’?

Para mí desde luego que sí. Es un fallo porque en cierto modo se menta mucho a la audiencia y hace que gente que le haga falta el marketing se vea muy perdida y termine desistiendo. También creo que la gente que se dedica al marketing aquí tiene muy claro quién es su público. A mí me gusta la docencia, y quería acercar con ese tono a gente que pudiera verlo como algo muy extraterrestre. También porque es mi forma de hablar, y no me veía escribiendo un libro súper correcto. Además utilizar un lenguaje muy formal hace que la gente se lo tome demasiado en serio y que empiecen a sacar el hacha: ‘Has hablado de retorno de inversión y no tienes estudios de marketing…’ Me voy a ahorrar gilipollas, pero trescientos por metro cuadrado, y me ahorro un montón de tonterías. Cuando Santiago Segura le pasó el guión de Torrente a su corrector, se lo devolvió con un montón de anotaciones diciendo que era muy burdo y asqueroso. Santiago Segura se lo envió con un post-it que ponía ‘Esto es para divertirse’.

Mi correctora, que es también la de Juego de Tronos, me llevó a muchos conflictos y me decía que una expresión en concreto no existía en español. Yo soy lingüista, licenciada en Filología, y le dije que a Lola Flores no la corregía nadie (risas). Deja la expresión como está que yo me entiendo y la gente que lea el libro me va a escuchar en su cabeza. La RAE no es la medida de todo, y a mí me parecía fundamental mantener un tono que yo pudiera llevar a las charlas.

Álex López
Álex López
Periodista y seguidor de la industria del videojuego. Pulsador de botones y teclas a tiempo parcial.

Entrevistas relacionadas

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí